
En Punisher, Phoebe Bridgers convierte la vulnerabilidad en fuerza. Lanzado en 2020, el álbum se siente como una conversación íntima con uno mismo: minimalista, melancólico y a la vez luminoso. Con guitarras suaves y un tono vocal flotante, temas como Garden Song y Kyoto exploran recuerdos, culpa y la sensación de vacío incluso en el éxito.
El título homenajea a Elliott Smith, y la canción Punisher refleja su autoconciencia emocional y su capacidad de transformar obsesión en arte. Entre fantasmas, sueños y humor negro, el disco culmina en I Know the End, una catarsis apocalíptica que transforma la desolación en belleza.
Punisher consolidó a Bridgers como voz esencial del indie alternativo, mostrando que el dolor no se oculta: se habita con honestidad y sensibilidad.
