
En los 2000, cuando el rock parecía perder identidad, Interpol recuperó la oscuridad elegante del post-punk de los 80.
Inspirados por Joy Division y The Chameleons, construyeron un sonido pulcro y melancólico, acompañado por una estética visual rigurosa: trajes, luces frías, gestos contenidos.
Su debut Turn On the Bright Lights (2002) marcó una generación. Cada acorde parece una caminata nocturna por Nueva York: solitaria, sofisticada y emocionalmente contenida.
