
La islandesa Björk no concibe la música como simple sonido, sino como biología emocional. Su proyecto Biophilia (2011) fue el primer álbum interactivo del mundo: cada canción tenía su propia aplicación móvil donde el oyente podía explorar conceptos científicos a través de la música.
Además, trabajó con diseñadores de bioarte que crearon instrumentos inspirados en organismos naturales, como el “gameleste” (mezcla de gamelán y celesta).
Björk redefine constantemente el rol del artista alternativo: el de quien no solo crea canciones, sino universos sensoriales.
