
En 1991, R.E.M. lanzó Losing My Religion, una de las canciones más emblemáticas del rock alternativo. A pesar de su título, no habla de fe religiosa, sino de amor, frustración y obsesión emocional
El uso del mandolín —instrumento poco común en el rock— marcó la diferencia y le dio un tono introspectivo y vulnerable.
Michael Stipe, con su voz contenida, logra transmitir una angustia silenciosa que se convierte en catarsis.
La canción encarna la esencia del alternativo: un lenguaje donde las emociones humanas reemplazan a las fórmulas comerciales.
Losing My Religion mostró que el rock podía ser suave y devastador al mismo tiempo.
